Este relato lo escribí para participar en un concurso de Halloween en el grupo Acordes literarios de Facebook. Está escrito bajo las condiciones del concurso en cuanto a temática (terror) y número de palabras. Puedo decir con orgullo que me llevé el primer premio y gané una estupenda cesta llenita de chocolates y chuches.

Apaga la luz si te atreves. Que lo disfrutes…

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Hay dos maneras de entrar en un instituto nuevo: como una pringada a la que se comerán con patatas los bullies o por la puerta grande. La forma para ser una pringada es llegar el día uno y tratar de pasar desapercibida y así, el resto de tu vida. Al final, los depredadores verán tu debilidad y… ¿adivináis qué? Os devorarán. Para entrar por la puerta grande hay que dar el campanazo desde el primer momento. Yo tengo suerte porque soy una chica sociable por naturaleza y el físico me acompaña. Sí, sí, eso suena muy superficial, pero es una triste verdad que el físico importa en este microcosmos de hormonas y selfis. Lo único que hago es jugar mis cartas. La cuestión es que para triunfar hay que hacer algo increíble y, tras un mes aquí, esta noche será mi oportunidad.

Llevo escuchando historias sobre este instituto desde antes de mudarnos. Por lo visto, una chica de dieciséis años, Vicky, tuvo un rollo con un profesor y cuando el capullo se la tiró, le salió con que eso estaba mal, que era un delito al ser una menor, que estaba casado… Toda esa mierda estaba ahí cuando empezaron el jueguecito y el profesor modelo permitió que pasase. Consiguió lo que deseaba y la dejó tirada. Ella, simplemente, no pudo soportarlo. Todo el mundo se enteró y el cabrón del profesor le echó la culpa diciendo que le había provocado, que le emborrachó. ¿Quién se cree esa basura? Nadie. Denuncia, sanción y expulsión para él; para ella, suicidio.

Se cuenta que, cuando el insti cierra, la chica se pasea por los pasillos muy pero que muy cabreada. Dicen que tiene especial predilección por el aula donde echaron el polvo maldito. Mi amiga Maca dice que a una amiga suya tuvieron que ingresarla una semana por un ataque de pánico horrible. Su amiga había tenido que quedarse en el aula de refuerzo un par de horas, pero se alargó la cosa y se le hizo de noche. Cuando estaba a punto de salir por la puerta principal, vio a Vicky al final del pasillo. La puerta principal se cerró de golpe tras ella y, en un segundo, Vicky, que estaba a unos veinte metros, apareció frente a ella con la cara descompuesta y una sonrisa infernal. La amiga de mi amiga soltó el grito de su vida, el más creepy y aterrado que os podáis imaginar. Maca está segura de que su amiga se salvó porque el bedel llegó corriendo al escucharla y Vicky se evaporó.

Obviamente, no me creo nada y como quiero demostrarlo, hoy me quedaré hasta las nueve. Habrá anochecido de sobra y solo estará el bedel en su cuarto, haciendo a saber qué. Seré la primera alumna que demuestre que todo eso de Vicky es chatarra, daré el campanazo y tendré asegurado mi éxito aquí forever.

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20:30 h. Llevo en el aula de marras dos horas y media y no ha pasado nada, como era de esperar. He repasado los dos exámenes de mañana y me he visto todos los vídeos de Tik Tok que tenía pendientes. La verdad, me voy a ir ya a casa. Un ruido lejano en el pasillo me hace mirar a la puerta. Debe ser el bedel que viene a decirme que me vaya, así que empiezo a meter todo en la mochila. Hace frío aquí, no me había dado cuenta antes. ¡¡¡Bum!!! Un golpe terrible en la puerta del aula hace que me gire de forma brusca. Me quedo quieta unos segundos recuperando el aliento. ¿Se escucha fuera una canción? Al terminar de cerrar la mochila me la cargo en un hombro y justo cuando voy hacia la llave de la luz… ¡¡¡Bum!!! Otra patada a la puerta.

⸻¿Pero qué coño pasa? ⸻digo en voz baja.

El nuevo golpe me ha puesto el corazón a mil, pero decido seguir adelante porque la idea de que algún otro alumno haya venido a tocar las narices no es nada descabellada.

Alargo la mano para coger el pomo de la puerta y ver quién es. ¿Qué? No se abre. ¡¡¡Bum!!! Otro impacto. Esta vez lo noto en el cuerpo porque estoy agarrada a la puerta y… una risita al otro lado.

⸻¡Vale! Muy graciosos, pero llegáis tarde. ¡Me piro ya! ⸻mi voz llena la estancia con un pequeño eco. No hay respuesta.

Me quedo en silencio y de pronto, una silla chirría al final de la clase. Vuelvo la cabeza despacio al mismo tiempo que una intensa inquietud empieza a pasear por mis venas. El aula es bastante grande, debe haber unas doce líneas de mesas. Algo pasa frente a mis ojos. De forma instintiva lo aparto con la mano, pero caigo en que es el vaho de mi propio aliento.

⸻Qué frío… ⸻susurro, asustada. Sí, ya estoy asustada. Que alguien esté fuera tratando de que me cague de miedo es una cosa muy posible, pero aquí no hay nadie más que yo. La luz de los fluorescentes del techo empieza a parpadear y en el último destello veo algo ⸻. Mierda…

Lo último que mis ojos han podido ver antes de quedarme completamente a oscuras es una figura al fondo de la clase. Estaba ahí parada como si fuera de cera. La cabeza gacha, el pelo enmarañado recogido en una coleta mal hecha. Lo único que oigo es mi respiración histérica y entrecortada. Es absurdo preguntar quién es, ya lo sé. Un repentino resplandor de los fluorescentes me revela que ella sigue ahí con la cabeza en la misma posición, pero esta vez me está mirando y… sonríe. Oscuridad de nuevo. El terror se ha adueñado de mí y trato de abrir la puerta pegando tirones. No me sale la voz, solo lloro al imaginar lo que pueda pasarme. La luz vuelve a parpadear y el corazón se me para al ver a la intrusa a mi lado. Su mirada, vacía y negra, hace que me quede quieta con los ojos clavados en los suyos. Apenas capto el rápido movimiento de su mano delante de mi cuello. Ni siquiera puedo gritar cuando mis manos tratan de presionar el profundo corte que me ha hecho en la garganta. Escucho un murmullo ronco.

—Jódeeeteee…